El “efecto radio”

Son muchas las personas que me lo han propuesto y  la verdad es que esto de escribir un blog ha sido una de esas cosas que se podría comparar a lo que yo llamo “efecto radio”. Os lo explico. Es como una de esas canciones de la radio que, cuando la escuchas por primera vez, te parece horrible, la odias, matarías al cantante. No entiendes por qué extraña razón ha llegado a la radio y, mientras la escuchas, una voz interior te dice: pues a mí no me gusta nada, es horrible, no entiendo cómo hay  gente a la que le encanta, es lo peor. Un mes después…

Madrid 2009

Madrid 2009

Ya te sabes la letra, mueves la cabeza, golpeas el volante y hasta gritas en la intimidad de tu coche cuando la escuchas. ¡Esta canción me encanta! Sigues sin conocer al cantante y muy probablemente, no sepas todavía ni cómo se titula. Pero te encanta.

Es la misma canción. Ha pasado un mes y tú misma te preguntas… pero si odiaba esta canción, ¿cómo se lo montan éstos de la radio? ¿Cómo lo han hecho?  ¿No tengo personalidad o qué?  Bajo mi punto de vista, la respuesta es el “efecto radio”. Es decir, la has escuchado una media de treinta veces a la semana y las personas somos así,  no sé si será porque queremos creer que somos libres y escuchamos lo que nos gusta o porque, ya que la tenemos que escuchar, pues nos sale más rentable que nos guste. No lo sé. La cuestión es que, al final, a la gran mayoría de personas nos acaba gustando. Pues esto de escribir un blog fue como una de esas canciones…

-Lau, con las cosas que te pasan y las cosas que me cuentas, ¿por qué no escribes un blog? Yo lo seguiría… Ahora es cuando todos los que algún día me dijeron que me seguirían si escribía un blog, me tienen que seguir… Aixx, la vida…

Al principio, me pareció una tontería. Pero, en unos meses, muchas personas me hicieron la misma pregunta…
-Oye, y ¿por qué no haces un blog?… pero, ¿por qué la gente se ha empeñado ahora en que escriba un blog? ¡¡Esto debe ser una señal! Y ya me conoceréis, pero para mí las señales son sagradas, hay que seguirlas, siempre. Así que, después de mucho pensármelo, aquí estoy, dispuesta a contar… mil historias naranjas.

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