El primer amor

Supongo que tod@s habéis tenido un primer amor, un amor de la infancia. Ese niñ@ que te encantaba de pequeñ@ y que, por cosas de la vida, nunca pasó nada entre vosotros. Yo sí he tenido el mío, mi amiga, también…

Egipto 2010

Egipto 2010

– Aixxx, hay veces que pienso en él y me pregunto… ¿cómo estará? ¿Qué será de su vida?
– Pero, ¿cuánto tiempo hace que no lo ves?
– Bufff… años…
– Pero, si vive aquí al lado…
Teniendo a otro tipo de persona como amiga, la conversación acabaría aquí, pero teniéndome a mí, la cosa cambia…
– Pero, ¿tú lo quieres ver?
– Hombre, claro, me encantaría…
– Pues vamos a hacer guardia a la puerta de su casa.
Y ahí estáis, tu amiga y tú, en el coche, en la oscuridad de la noche, con la mirada fija en un portal.
– A ver, Lau, vamos a ensayar.
– ¿Ensayar qué?
– Ensayar cómo nos metemos debajo de la guantera del coche, si aparece… Lau , por favor…
Al principio piensas… se le está yendo la olla. Pero, es tu amiga y decides hacerle caso.
– Vale va…prepárate… ¡uno, dos y tres!
Te doblas como puedes, te retuerces, te agachas y te metes debajo de la guantera. Ella, que está en el asiento del conductor, también ensaya contigo.
– No, Lau, no lo estás haciendo bien… va venga… un, dos, tres…
La risa te dificulta el gesto de doblarte completamente. Después de ensayar tres veces más, tomas consciencia de la realidad y cuando las carcajadas te dan un respiro, le dices:
– ¿Tú sabes lo que estamos haciendo? Estamos ensayando cómo meternos debajo de una guantera.  No es normal, no estamos bien.
Al escuchar estas palabras, la cara de tu amiga cambia, se pone muy seria y dice:
– Sí, Lau, estamos ensayando meternos debajo de una guantera,  porque que nos metamos correctamente debajo de esta guantera es lo más importante de mi vida, en estos momentos. Mi reputación, mi imagen, mi futuro… todo… depende de que nos metamos bien debajo de esta guantera… ¿Tú te imaginas la vergüenza de que este hombre aparezca, no nos metamos bien debajo de la guantera y nos vea?  Mi vida se hunde, Laura… Así que, por favor, sigamos ensayando…”un, dos, tres…”
Y seguimos ensayando…
Esa noche no apareció, ni las decenas de veces que vinieron detrás. Pero, como todo en la vida, cuando dejas de buscar, encuentras.
Mi amiga conduciendo, yo de copiloto, paramos en un semáforo, giro la cabeza y lo veo, sí, lo veo, en el coche de al lado.
Tú miras, él mira, tu amiga te pregunta sin girar la cabeza, disimulando fatal, por cierto… ¿Es él? Sí, es él… Dios, dios, dios… Tu amiga empieza a hiperventilar y entra en un estado de nervios que culmina en una salida, chirriando rueda al más puro estilo Fernando Alonso con derrape en curva derecha ras se cierra ras…
Todo, en los morros del susodicho.
– Era él, era él, buff… qué fuerte… ¿Tú crees que se ha dado cuenta de que éramos nosotras?
-Hommmmmbreee… a ver cómo te lo digo… yo creo que sí… más que nada porque habrá pensado ¿quiénes son esas dos locas que se saltan el semáforo chirriando rueda cuando llevan un rato paradas esperando  a que se ponga verde?  Vamos, desapercibidas, lo que se dice, desapercibidas… no hemos pasado…
– Sí, pero yo no lo he mirado, no me ha visto la cara…
Pero tú, … ¿Tú le has mirado? Sí… ¿Él te ha mirado? Sí… ¿Con qué cara le has mirado Lau? Ya sé con qué cara le has mirado… es con esa cara…a ver mírame como le has mirado… La risa no te deja, pero intentas reproducir la cara que se te ha quedado cuando, en el coche de al lado, has visto al chico que has estado horas y días esperando, haciendo guardia en la puerta de su casa.. Ves… lo sabía… Le has mirado con esa cara… Sí, estoy hundida… Nos ha reconocido…
-¡¡Tengo el pelo naranja!! No hace falta que le mire con ninguna cara… ¡¡Nos ha reconocido fijo!!

Han pasado muchos años, nunca más le volvimos a ver. Las risas recordándolo, todavía continúan.

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