“Estoy fuera”

“Estoy fuera”. Ese pensamiento que viene a tu cabeza cuando estás rodead@ de gente y te sientes un extraterrestre. Hablo de esas situaciones en las que te ves inmerso en un mundo de chistes que no entiendes. Intentas esbozar una pequeña sonrisa en tu cara, mientras piensas: ¿se están riendo en serio? Esto no hace gracia. Pero claro, yo estoy fuera. Será que no lo pillo.
Acabas de conocer a un chico y compruebas que cuando habla,  se para el mundo. En el grupo, hay un silencio. Nadie entiende el por qué de ese comentario, nadie logra darle una explicación a esa aportación al hilo argumental de la conversación. Todo el mundo intenta cubrir con un tupido velo  la situación y seguir como si nada. Pero, ya es tarde, el chico ya se ha dado cuenta de que “está fuera”. Es el “aquí no pinto nada” de toda la vida… el “¿qué me estoy perdiendo?” … Pues, existe un lugar en el mundo donde esa sensación se vive elevada a la máxima potencia: una misa gospel.
Una experiencia inolvidable. Estábamos en Harlem, sentadas en los bancos de la Iglesia. De pronto, un chico se levanta, coge una silla, la coloca en el centro y empieza a realizar una coreografía super elaborada, con una música que había llevado para la ocasión. Empieza a estirar las piernas, los brazos, se agacha, se estira… Todos lo miran, nosotras también. Cantan, bailan, rezan… Poco a poco, el interior de esas cuatro paredes se convierte en una fiesta,  una bonita fiesta. Empiezan a llorar,  se emocionan, lo viven.  Entonces es cuando lo sientes, es cuando llega ese “Estoy fuera”… “¿Qué me estoy perdiendo?”…”Hay algo que no estoy entendiendo”.  Tus amigas no hablan, pero por sus caras jurarías que están experimentando una sensación muy similar. Una de ellas se te acerca y te susurra al oído: “creo que es una especie de Tú sí que vales“.
Una forma muy peculiar de describirlo pero sí, la verdad es que Nueva York es una especie de “Tú sí que vales” callejero, porque en cada esquina puedes encontrarte a alguien cantando, bailando, saltando y ¡atención! Nadie se inmuta, nadie se sorprende, nadie mira mal. Allí todo el mundo hace lo que le apetece, sin preocuparse por qué pensarán los demás.

New York 2013

New York 2013

Habíamos visitado el Top of the Rock, nos disponíamos a coger el ascensor. Cuando, de pronto, el chico que organiza a los turistas para entrar y salir de la visita, se pone la mano en el pecho, me mira y empieza a cantar una canción preciosa. Miro a mi alrededor, compruebo que no hay nadie, ¿me está cantando a mí? No, Laura, no te vengas arriba. Pero, todo parece indicar que sí. Me pongo la mano en el pecho, lo miro y le pregunto sin hacer ruido, sólo vocalizando: “¿Is it for me?” Se ríe y sigue cantando, se acerca sigilosamente, sin parar de mirarme a los ojos y sin parar de cantar, me coge de la mano, sigue mirándome a los ojos y sigue cantando. Pero, ¿qué me está pasando? ¿Estoy en una película? Lo miro, me rio, miro a mi alrededor y compruebo que decenas de personas miran la escena con cara de ¡¡Qué bonito es el amor!!. El chico acaba de cantar, lo miro, sonrío y  mirándolo a él y a todos  los visitantes, digo: “Sí, señores, me he enamorado”. No sé si entendían el español, pero con ver mi cara de flipamiento tuvieron suficiente para interpretar mi comentario porque aquella sala se convirtió en un concierto de risas. Pero, ¿qué pasó con el chico? Aixx, ya queréis saber demasiado 😉

La cuestión es que ahí, en ese preciso momento, no me sentí fuera. Será porque estaba dentro, viviendo lo que aquel chico me estaba regalando. Pero, ¿cuándo nos sentimos fuera? Creo que es cuando estamos dentro, pero de nosotros mismos. Cuando no nos dejamos llevar por la situación y nos mantenemos dentro, no salimos. Aunque, paradójicamente, sintamos que estamos fuera.

P.d: Os dejo un documento gráfico del momento para que comprobéis que mis milhistoriasnaranjas están basadas en hechos reales.  😛

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