Si cayera un meteorito…

Antes de nada os diré que este post va dedicado a todos los hombres que me leen. A todos los hombres que leerán esta página,  no quiero que os vayáis de aquí sin saber que os admiro.  Os admiro yo y la gran mayoría de mujeres, porque tenéis una capacidad de la que no disponemos nosotras. Esa capacidad de discriminar de vuestra mente aquello por lo que es inútil preocuparse.
– Pero a ver Lau, ¿tú puedes hacer algo para cambiar eso? No. Pues entonces, para qué te preocupas. No puedes hacer nada. Preocuparse es inútil. Otra cosa sería que tuvieras que tomar una decisión, entonces sí que tienes que pensar… pero eso, no lo puedes cambiar…
Escuchas al hombre en cuestión  y lo ves clarísimo… tan claro como que empiezas a visualizar una luz blanca alrededor de todo su cuerpo, va vestido con un traje impoluto y escuchas música celestial de fondo… “es que él me lo está diciendo, porque él lo puede hacer. Él lo hace”. Y te sientes pequeñita, muy pequeñita…
Lo tengo que decir. Son mucho más prácticos. Nosotras tenemos la capacidad de entrar en bucle con un pensamiento absurdo… hablamos y hablamos y hablamos y mientras hablamos, vamos convirtiendo un grano de arena en una montaña gigante que acaba chafándonos la cabeza, sin que podamos hacer nada para evitarlo.
Sinceramente,  entiendo que escucharnos mientras estamos construyendo esa montaña con obreros, hormigoneras y mucho polvo a nuestro alrededor pueda llegar a sacarles de quicio…
Típica situación en la que una amiga tiene uno de esos problemas que un hombre considera chorradas insignificantes y una mujer, el Apocalipsis. Tú y tu amigo quedáis con ella en un bar para que se desahogue… tú la escuchas, intervienes y hablas, hablas y hablas. Ambas entráis en un bucle cascoléxico que, para qué engañarnos, no lleva a ningún sitio. Tu amigo ha conseguido estar callado todo el tiempo, sólo observa, no habla, de vez en cuando resopla…
Su silencio es sospechoso. Las dos le preguntáis a la vez…
Oye… y tú… ¿qué piensas?
Coge aire…
– ¿Que yo qué pienso?
Los ojos se le llenan de ira, pero consigue mantener la calma…
– Pues lo que pienso os lo voy a decir ahora mismo….
Escucháis con atención…
– Lo que pienso es que si ahora mismo cayera un meteorito aquí… dice señalando con ímpetu y fuerza  el centro de la mesa… justo aquí, vuelve a señalar el centro de la mesa…  Lo que más me jodería no sería morirme con el mogollón de curro que tengo en casa, lo que más me jodería  no sería morirme con este agotamiento que llevo encima porque no he dormido y  he pasado toda la noche despierto, trabajando para hacer un curro por el que me pagan una mierda … lo que más me jodería ¿Sabéis qué sería? ¿Lo sabéis?
Lo miramos estupefactas… no hay respuesta…
Lo que más me jodería sería… morirme… escuchando tanta tontería.
Einngggg… ¿Quién se ha llevado a tu amigo?¿Por quién ha sido abducido?
Silencio absoluto. Entonces lo entendéis. Han sido las hormigoneras, ha sido el polvo, ha sido este ruido en la construcción de la montaña, lo que lo ha desquiciado…
Miradas de complicidad… Carcajadas a tutti plen
Mira a tu amiga y le dice: Tan grande no será el problema cuando llevas un ratito riendo, así que no inventéis porque no cuela… no os compro la moto…
Ya está, lo ha conseguido, ya nos ha sacado del bucle. Con sólo una intervención, ha hecho ver a su amiga que lo que le preocupa es insignificante y hemos acabado riendo.
A todas las mujeres… os lo recomiendo. El consejo de un hombre os ayudará en esos momentos de construcciones de montañas. Eso sí, los meteoritos son un privilegio del que sólo disfrutamos unas pocas… las que, aunque cayera un meteorito, no nos separaríamos de este hombre en cuestión.

¿Caerá?

¿Caerá?

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