Y yo con el qué me pongo

“Hoy es el mañana por el que te preocupabas ayer”. Supongo que esta frase lo resume todo. Hay personas que están condenadas a preocuparse de por vida porque se preocupan por todo, otras no saben por qué preocuparse. ¿Será que tienen menos preocupaciones o consiguen que les preocupen menos cosas?
Pues,  no lo sé. La cuestión es que el mundo de la preocupación, por así decirlo, es muy extenso y lo que para tí puede llegar a ser preocupante, para otra persona puede ser la chorrada más grande jamás contada. Otra vez, una cuestión de mentes. Digamos que las preocupaciones no están común-mente extendidas…
Tu amigo lleva un rato pensativo, parece preocupado…
¿Qué te pasa?… Nada, estoy preocupado… ¿Por? Porque ya verás que mi madre no lleva la película al videoclub y hoy la tiene que llevar porque se acaba el plazo.
Bueno, pues… si no la lleva… tampoco pasa nada…
Observas cómo la cara de tu amigo se desencaja de una manera inexplicable y grita:  ¡¡No!! ¡¡Sí que pasa!! Me he comprometido y como no la lleve, me voy a enfadar mucho… Empieza a resoplar… Ya verás,  no la lleva… La he llamado tres veces, porque yo no puedo ir y ya verás que se le olvida…
Pue si se olvida, pagas lo que tengas que pagar y ya…
¡¡No!! Que la tiene que llevar…
Mira que la preocupación que tienes…
Me mira a los ojos y dice…
Mira Lau, mis padres se están separando. Pero, prefiero que mis padres se separen a llevar un día tarde la película al videoclub.
Mi contestación, supongo que os la imaginaréis: unas risas de las que hacen historia. Mientras rio, una pregunta retumba en mi mente: ¿Por qué tendré yo estos amigos tan raros?.  Han pasado años y sinceramente,  sigo sin entenderlo. Pero, cada persona es un mundo o lo que es lo mismo, cada mente es un mundo y esto de las preocupaciones viene muy relacionado con las mentes y los mundos.
Creías que tu amiga había dejado de fumar hace unos meses. Pero, parece que no, porque llega desesperada al bar en el que habéis quedado y grita…
¿Alguien tiene un cigarro?, por favor….
¿Pero tú no habías dejado de fumar?
Sí, pero ahora  no puedo con el estrés. Estoy que no puedo. Que voy a trabajar, que tengo a la niña, que no la tengo, la llevo a la guardería, que vengo a trabajar, que está mala, llama a la abuela, el padre va a buscarla…
Mientras la escuchas,  piensas: bufff… qué estrés… qué preocupaciones… sólo de escucharla, me estreso…Entonces caes, esta mujer se acuesta pensando en horarios, en tuppers, en meriendas… y ¿tú? Tú… sé sincera… estabas pensando… ¿y yo qué me pongo esta noche?
En esos momentos, recibes un whatsapp:
Oye… ¿qué me pongo? Hace mucho calor para botas y mucho frío para sandalias…
Entonces, sabes y sientes que no estás sola, que hay personas humanas como tú cuya máxima preocupación es el qué me pongo, sólo superado por el de qué color me pinto las uñas y en noches de fiesta por el ¿qué bebo?. A la mañana siguiente, la preocupación cambia y se convierte en qué me tomo: ¿Ibuprofeno o paracetamol?
Es la hora de la siesta. Estás en tu habitación. El teléfono te suena, es un whatsapp… ¿Estás en casa?… Sí, en mi habiti… Yo, también… Ven a mi habitación…. estoy preocupada… ¡No! Siempre voy yo… ¡Ven tú!… Vaaaale… voy..
Tu compañera de piso entorna la puerta… Lau, no puedo dormir… ¿Por? ¿Qué te pasa? No sé qué ponerme esta noche….
Pero,  a ver, pongámonos serios. No puede ser que éstas sean nuestras preocupaciones, que la gente se preocupa por cosas importantes de la vida, que la gente tiene problemas. Mmmmmm…¿será que no tenemos preocupaciones? ¿será que no tenemos problemas? Supongo que sí, pero ¿quién tiene el poder de convertir un pensamiento en una preocupación? Pues, otra vez, una cuestión de mentes. Las preocupaciones las crea tu mente, ella decide por qué preocuparse y por qué no. Supongo que la mía y la de algunos especímenes como yo han decidido preocuparse por el qué me pongo.
Dhara sabe que hay reunión de chicas y entra en la habitación…
Aixx… me encantaría ser Dhara…
Eingg… ¿por?
Porque ella no tiene que pensar en el qué me pongo.
Miradas de complicidad y risas.
Sí, ella es la más elegante y señorita de toda la casa, ¿verdad Dhara? Dhara nos mira con esa sutileza, elegancia y clase que caracteriza a los persas. Mientras, seguro que piensa: por mucho que os pongáis, aunque la mona se vista de seda, mona se queda.
Lo vemos en sus ojos, sabemos lo que está pensando y le decimos a la vez: ¡Tú calla, que no eres tan rubia para ser tan tonta! 😉

Bruselas 2009

Bruselas 2009

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